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viernes, 31 de agosto de 2012

I (alien) BXL


Let's start the weekend, mes chers bruxellois

lunes, 30 de abril de 2012

Morriña

Hay algunos días en los que, sin saber muy bien por qué, te pilla la morriña desprevenida.
- Buenas tardes, ¿está la señora de la casa?
- No mire, ha salido.
-¿Con este tiempo?
- Bueno, es que está ocupada.
- Ay el trabajo... la burbuja bruselense, que es muy absorbente, ¿verdad?
- No, bueno, sí, pero es que la pilla ud. en mal momento.
- Que tiene un mal día ¿no? Si es que es normal, tal y como están las cosas.
- Mire, es que no quiere verla, lárguese ya de una vez p/santa vez a su casa.
- ¿A mi casa...o a la suya?

Ay.

Normalmente, uno lleva mal el invierno en Bruselas. Pero a mí me ha desarmado el buen tiempo. "Parece Madrid", decía ayer Elena en la terraza del Zebra. "Bueno, Madrid de finales de febrero", maticé. Pero lo cierto es que anoche era la primera noche suave del año. Se podían sentir las ganas, pero no agarrarlas. Ver todo lo que no se está viviendo, lo consabido, pero no cuestionado. Qué impaciencia.

Al llegar a casa decidí vengarme y me compré la entrada para ver a Paco de Lucía en el Gent Jazz. Muy recomendable si andáis por tierras de coles. Además, viene otra vez con Farruco. Hasta entonces, contando los días para un Madrid y un Mallorca. Ay, volar, volar, volar.


martes, 27 de marzo de 2012

Marolleña

Les Marolles es uno de los barrios con más carisma de Bruxelles. De verdad. No es yuppy, perro-flauta, moderno, ni bobó. Es un barrio. Razones hay muchas, así que voy a proponer unas cuantas:

Por sus marolleñas
Sus vecinos célebres

Por los coins-comics

Por las tejas y por el cemento

Porque tiene un ascensor al aire libre (gratis!)
Las mejores vistas de Bruxelles...
...y los mejores atardeceres
Y porque es el lugar donde se fabrican los sueños. Al menos, los míos.
En un país tan rico en cultura, etnias y lenguas, lo tengo claro: 

Si tuviera que elegir una nacionalidad belga, yo sería Marolleña.

Otro día os cuento sobre de Brueghel, los callejones, las tiendas vintaje, las galerías y el mercado de las pulgas, prometido.

sábado, 25 de febrero de 2012

Booze'n'Blues

El booze...
...y el blues.
No recuerdo cuál fue el primer bar al que entré en Bruxelles, pero estoy bastante convencida de que era una mierda. Sin embargo, sí recuerdo que el Booze'n'Blues fue el primer antro al que quise volver. No hubo noche que no mereciera la pena recalar allí y sentarse en esa barra de madera vieja, como viejos son los buenos rockeros - además del cabrón del camarero.

Llegaba, empezaba una vida nueva. Ese momento en que tomas aire, mirándo de cara al vértigo, te mantienes de puntillas sobre el vórtice de un comienzo. Ese segundo decisivo en que sabes que la fecha va a dejar de girar y ...
"Tienes todo lo que quieres"
Y era cierto. Tenía ganas y tenía fuerzas, con eso bastaba. También tenía miedo y frío, pero la vida seguía dejándome propina. Tentar al fakhir es ya casi una tradición, creo que esta noche volveré a incordiarle. Por que nunca terminen de empezar los principios.

En la gramola suena una de Buddy Holly, cortesía de Lola, Paula y Julia.
  *La primera foto by Ant, la tercera hecha con la cámara de Lola. Mil gracias.


miércoles, 22 de febrero de 2012

L'Alma de Bruxelles

Señoras cargando bolsas de la compra, universitarios con carpetas, mamás con niños, abuelitos de camino a la clínica, una arquitectura digna de la casa de un hobbit... y una tipa con una libreta y un boli. Todo un cosmos en torno a la boca de metro Alma. Sí, sí, se llama así.

Me declaro creyente de esta profana belleza urbana.

martes, 21 de febrero de 2012

Zapatos de ciudad

Si no querías que tus zapatos de ciudad se mojasen,

...¿por qué te acercaste calzada a la orilla del mar?
 
Porque en el fondo sientes que no hay mejor asfalto que la arena.
Aunque la sal abra cicatrices en su piel negra.

domingo, 12 de febrero de 2012

Un cielo blanco


Bélgica tiene un cielo de porcelana, tan inmaculado, como frío y duro. La luz pulida que desciende sobre la tierra -siempre mojada, siempre verde- lo cubre todo con un fino tul de bailarina de Degas. O de mortaja. Lo cierto es que esos días, duele un poco la cabeza. Y te sientes abotorgada, lejos de la realidad. No, más allá.
Nunca entendí como Magritte pintaba fondos azules de nubes de algodón. Nunca vi más surrealismo que en el cielo blanco belga.

martes, 7 de febrero de 2012

Cenicienta (Un cuento gaditano)

It's frezzing outside. I've just arrived from the shoe repairer. In a city like Brussels, with a beautiful and old but ankles-killer paving as the Centre Ville one, you'd better find a good one. It's a très chouette boutique, managed by a real artisan, right in the heart of the Quartier Européen. Wood, cuir, betún... it's seems somehow diretly taken from the old times. And it made me remember a fairy tale that happen once upon a time in a far far away...
Cádiz, Verano de 2011
Cinderella lost her sandal's sole while paseando in Cadiz. She didn't cry or waited for her charming prince, she just said "joe, otra vez". After pronouncing those magic words, her incredible fairy (just)mother found la Zapatería Rapidez, con eso, rapidez. Thanks to this incredible golpe de suerte, Cinderella managed to get to the baile. But it was too hot to dance, so she took a seat in a terraza in front of the sea and ordered pescaito frito.

The (happy) end.

martes, 24 de enero de 2012

Gent

Gente de Gent

Es posible que Gante sea la ciudad que más me gusta de Bélgica.

jueves, 3 de febrero de 2011

Impresionismo

Me arremango. Se me eriza un poco la piel. Bajo los ojos. ¿Cuál de todos? Me decido por uno. Tomo el pincel entre mis dedos. Alzo la mano. La sostengo un segundo en alto. Fijo los ojos sobre el lienzo blanco. Casi bizqueo. Y entonces... entonces, la mancha.

Azul, agua y amarillo, rojo, negro. El papel se arruga. Los trazos van surgiendo. Pequeños, luego más largos. Inconexos, vacilantes, perfiladores, definitorios.

Hay una chica desnuda tumbada enfrente de mí. No estoy acostumbrada a tanta piel. Al principio impresiona; luego, gusta. Es tan... normal. Como en casa, como en la ducha.

En realidad, me preocupan más los rastros de colores que va dejando mi torpe exploración. Es la primera vez en mi vida que pinto con pincel. Ya hay pruebas de mi palpar pictórico. Churretes, vaya. Pero incluso cuando no sale, me siento feliz. Ay, qué alegría más sencilla. Ojalá tuviera un baby, como en parvulitos. ¿Alguien me presta uno?

Detalle de "Señora", inacabada. 3 de febrero de 2011, Madrid.
Témpera sobre cartón (recicla para vivir).

domingo, 9 de enero de 2011

La X

A menudo me preguntan: ¿Por qué Bruselas?

Yo también me lo he preguntando. Cuando el estrés parecía agarrarse a mis cabellos y tirar, tirar, tirar para sacar los nervios de raíz. Cuando me calaba hasta las orejas la nube gris de Bruselas por todo sombrero. Cuando el burocratismo se comía todo atisbo de espontaneidad, incluso los brotes de los geranios.

Porque a veces, Bruselas, Bélgica, Europa puede ser Sibérie. Il fait si froid dehors...


Sin embargo, hay algo en Bruselas que me queda por resolver. Es esa X, la de Bru-x-elles, la que marca el corazón de la ciudad, de su espíritu, de la encrucijada europea, la de las jóvenes vidas del viejo Continente. Bru-x-elles. Y no puedo dejar esa incognita sin despejar. O quizás es que desde pequeñita sé que debajo de una gran X (o W) siempre hay un gran tesoro.


It's a mad, mad, mad world (1963) de Stanley Kramer

Así que sí, vuelvo.

jueves, 6 de enero de 2011

Fin-s aviat

Tengo un pie en Madrid y otro en Bruselas. Uno lo he metido hoy en un charco y el otro sigue cubierto de escarcha. Pero ambos se turnan y siguen hacia delante. Uno, otro, uno, otro, uno, otro... así hasta que, al final,  llegue lejos. O cerca.

De pronto, la Gran Vía un año después. Todo sigue tan cerca de terminar como tan lejos de empezar. Un abrazo y el espacio salta por los aires en mil pedazos. Cerca. Sin embargo, ángulos en las palabras aplastadas por el tiempo. Lejos.

Entonces, Donato, aquel vecino que me robaba los calcetines en mis primeros meses en Bruselas, torció una esquina e irrumpió en la escena. Los vórtices se tocaron. Un instante, mientras los turistas se van (



) y  la arteria dejó de latir. El tráfico se congeló. El vaho quedó suspendido en el aire. No era nieve, no. Lento, pero mejor hazlo deprisa, por favor. Fins aviat, fin-s aviat.

Hasta luego, a. 

sábado, 31 de julio de 2010

Cou-cou...

¡Tras! 
(Parc de Bruxelles)

Et voilà, de la même manière que je suis venue, je repars. Ne vous inquiétez pas, je serais pas loin.

¡Felices vacaciones!

martes, 27 de julio de 2010

Un cuento

Al cumplir los dieciséis años se pinchará el dedo con el huso de una rueca ¡y morirá!
¡Ay!

Un buen día, la Ella Durmiente de Bruselas despertó. Se incorporó del lecho de flores sobre el que yacía y, mientras se estiraba perezosa, miró asombrada a su alrededor. No podía creer lo rápido que había pasado el tiempo. ¿Habían sido días, meses, años? No lo sabía. Sólo tenía la certeza de que fuera como fuese, todo seguía su curso hacia delante. ¿Hacia dónde? Hacia delante. 

Os he echado de menos entre legaña y legaña :)

lunes, 8 de marzo de 2010

Cielos míos

Llego un poco tarde, es cierto, pero no me olvidé de mirar para arriba, pensando en ustedes.
El cielo de Bruxelles: Sábado. Paseo, mirada arriba y ¡clic!
El cielo de Bruxelles: Domingo. Desde el balcón, que es cuando he leído lo del skyline, ejem. 
Yo quería regalaros un cielo blanco belga y ya véis, la primavera está llegando a la ciudad (a 2 grados, eso sí).
Besos pequeñas chinquetas, me ha encantado ver lo que ven vuestros ojos :)

"Afuera el frío arruga la ciudad,
y el tiempo sólo existe para los que están..."

lunes, 22 de febrero de 2010

Un coin (à Efe Bruselas)

La ventana de la cocina es mi rincón favorito de la oficina. Es pequeña, estrecha, y su repisa blanca descansa sobre las tuberías enrevesadas de la calefacción. Cada día, tomo mi taza favorita -la de pintitas de colores que simulan ser un mosaico de Gaudí y que tiene un "made in Barcelona" en el culo-, me sirvo el café muy cargado que me acabo de hacer, la acomodo entre mis manos, aspiro, suspiro y me acerco a ella. Me siento en la madera tibia. Miro, tan sólo miro. Y me quedo colgada bajo el cielo blanco de Bruselas...


Al fondo, el Parlamento Europeo, esa sucesión de bóvedas de cristal azul que se cierran la una sobre la otra, como olas. Parece una estación de trenes de principios de siglo pero muy muy alta, con hechuras góticas. Es bonito. No se puede decir lo mismo de muchos de los otros edificios que lo rodean, esos que destilan un olor indudable a burocracia. Quelle horreur.

Partiendo el Quartier Europeen, dos hileras de pequeñas maisons de maître se apiñan cuesta arriba una detrás de la otra, otra detrás de la una, para ir morir a los pies de la maraña de vidrio y metal. Yo, desde arriba, asomada a esta brecha abierta en el séptimo piso de Residence Palace, no puedo dejar de mirar las tejas descolocadas, los contrafuertes de metal que contienen sus muros para evitar más derrumbes y sus ventanas sucias y opacas, que no devuelven ninguna mirada a la mía. En uno de los tejados alguien escribió con pintura blanca "Expo" y en un alfeizar oxidado se distinguen dibujos de colores. No sé por qué, pero la palabra "Belleville" me viene a la mente al ritmo del jazz de los Aristogatos. Ya véis. 

Último sorbo al café. Vuelvo a estar dentro. Toca volver a Efe. Pero suave, suavemente.

 

(Sí, lo habéis adivinado, no me di cuenta de que estaba el disparador automático encendido!)

lunes, 8 de febrero de 2010

Castillos en las nubes

La decisión más difícil

Ayer tuve que tomar la decisión más difícil a la que me he enfrentado desde que llegué aquí.

La primera semana cometí un error de principiante: puse una lavadora oscura a medias con Donato, mi vecino de pared. El número de calcetines que introduje en el tambor era par; el que saqué, impar. No nos aclaramos de si el desaparecido ha sido engullido por la máquina en cuestión o si me lo ha fanado él. No me extrañaría, ya que yo, en un alarde de unilateralismo, le robé un calcetín a mi vez sin saber que tenía un tomate cual moneda de 100 duros. Pasado el regocijo maligno inicial, se lo devolví con el rabo entre las piernas y el talón pelado al comprobar que la bota me rascaba por el agujero, grrrrr. Hoy, tengo exáctamente seis pares y medio de calcetines. Mierda, et trobo a faltar. Vamos, que un día cualquiera, sin previo aviso...

¡Sólo tengo un calcetín limpio!

La semana anterior ya me vi en la misma tesitura y salí del apuro lavando un par a mano, al que luego le di bien con el secador hasta que aquello golía a chamusquina. Pero ayer tenía prisa porque en esta ciudad todo cierra a las 6 y necesitaba tiempo para recorrer las tiendas de segunda mano con calma en busca de mi disfraz.
Total, que me vi forzada a decidir a cuál de mis dos pies quiero más. No os creáis, no es moco de pavo. Al principio pensé que al derecho, por eso de que chuto a gol las latas de cocacola con la diestra. Sin embargo, me di cuenta que años de ritos y supersticiones sobre los pies izquierdos me hacían desconfiar de las consecuencias que podía conllevar tratar tan mal al susodicho. Hay que ver, tener miedo del propio pie.
Estaba enfrascada en estas profundas deliberaciones cuando me di cuenta de que me había calzado el calcetín automáticamente en el pie derecho. Más fácil así.

El pie izquierdo sobrevivió, pero juraría que me mira de soslayo desde entonces...
[No sé si ayer, antes de ayer o el otro día tomé, sin proponérmelo, la decisión más difícil a la que me he tenido que enfrentar desde que estoy aquí. Podría tener que ver con calcetines, pero no exactamente. Sólo sé que hoy, me gustaría escribir algo más que un chiste. Pero no puedo, no puede ser.
Semi-Intimidad compartida.... Poco más.]

miércoles, 3 de febrero de 2010

La Cathédrale

La catedral de Bruxelles no podía ser sino un fiel reflejo de lo que es la ciudad: contradictoria. La hermosa fachada, de un blanco radiante que brilla con alegría al sol, contrasta con el gris-hormigón del barrio moderno en el que se ha quedado encajonada. Los locales deben ser conscientes de lo extraño que resulta encontrarla tan desarropada y han levantado en torno a esta fría dama de mármol unos extraños edicificios inspirados en sus finos rasgos góticos. En realidad, parece que más bien se tiraran de los mofletes para hacerle una mueca deforme y burlona. Pobre.

Cualquier europeo que trate de encontrar la catedral se perderá irremediablemente al ver los carteles que apuntan hacia la parte alta de la ciudad, la que más ha sufrido las dentelladas del racionalismo de los 50. Yo, en mi primera visita a Bruxelles, me rendí tras 20 minutos oteando el horizonte cual Paco Martínez Soria para volverme hacia la Grand Place por los caminos de calles adoquinadas.

En el interior, la Cathedralis Sancti Michaelis et Gudulae Bruxellis pierde ese halo medieval que promete su nombre latino. Sí, sí, vidrieras, velitas y santos en sus peanas. Pero tanto la exquisita ventilación del lugar (¿y el olor plomizo a incienso?) como la megafonía rompen el encanto. Y es que no es una homilía, si no una especie de canturreo pagano el que una diligente mujer profesa desde el atrio:  "Bienvenus à la Cathédrale de Saint Michel et Gudule. Welcome to St Michael & St Gudula. Welkom op Sint-Michiels-en Sint-Goedelekathedraal"...
Amén.


Aún así, hay rincones que son como pequeños remansos de alegorías en medio de esta sobreexpuesta cristiandad.


Aunque las nuevas vidrieras en Bruxelles ya no son lo que eran.

La sensación que tuve en la catedral de Bruxelles era más de vacío antes que de sobrecogimiento. Yo juraría que en Saint Michel et Gudule los rezos no suben al  cielo, si no que rebotan en sus paredes. O, como bien resumió Laura, "aquí no vendría a buscar paz". Yo, si andara tras de ella, tampoco.

Pero el mayor contraste estaba aún por llegar. A la salida, lanzaron las campanas al vuelo...  al ritmo del Himno de la Alegría. Juro que en medio de mi estupor creí ver a Miguel Ríos descolgarse de una de las torres del campanario cual Quasimodo. En fin, Santa Europa...

Amén.